Reseña: Blame! [Sin Spoilers]

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Reseña: Blame! [Sin Spoilers]

Blame!

En 1998 Tsutomu Nihei comenzó a serializar en la Revista Afternoon de Kōdansha Blame! sin saber que se convertiría en uno de los referentes del manga de ciencia ficción del nuevo siglo. En esta obra, el artista crea un mundo que va más allá del postapocalipsis, mediante una narrativa visual casi por completo que nos lleva a los confines de una tierra viva de la mano de unos trazos sucios muy característicos del autor y una arquitectura espectacular.

Nihei plantea una titánica y futurista Tierra que recibe el nombre de La Ciudad. Esta, debido a cosas que se explica a su extraña manera en la historia, se está expandiendo tanto que llegó a ocupar buena parte del sistema solar. Un mundo sin tierra, sin ríos, sin cielo, pero todavía orgánico y en caótico desarrollo.

En este extraño mundo conocemos a Killy, un misterioso joven que lleva buscando a un ser humano con los misteriosos Genes de la Red. Porta consigo un arma ridículamente destructiva. El lanzador de partículas gravitacionales. Este arma es capaz, literalmente, de atravesar cualquier cosa. El problema es que su alcance tiene más de 70 kilómetros y casi no se puede regular. Cada vez que Killy entra en combate, causa una destrucción inenarrable a pesar de que en general trata de ayudar a los humanos… A su manera.

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El ritmo es auténticamente frenético casi durante toda la lectura y aunque en dos o tres ocasiones llega a ser un problema, le viene como anillo al dedo a lo que se trata de contar, rebosando acción y dinamismo en cada secuencia de combate de la historia.

Pero vamos a lo que vamos. Blame! Arranca de una manera simple, con el silencioso Killy merodeando los oscuros y fríos parajes de ese mundo antes mencionado, subiendo nivel a nivel del interminable laberinto en la búsqueda de una persona con genes que le permitan conectarse a una terminal genética y así poder acceder a la Netsphere lo cual le permitiría solucionar el caos que llevó a la existencia de todo el desastre actual, todo mientras debe enfrentarse tanto a los sistemas de seguridad, como a los hombres de silicio. Durante los interminables miles de kilómetros de trayecto que Kili tendrá que andar a través de estas Mega Estructuras, Tsutomu nos introduce a la científica Cibo para acompañar a nuestro protagonista y darle más dinamismo e interacción a la historia, cosa que consigue en su totalidad.

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Killy recorre un eterno Viaje del Héroe. Lo vemos subir escaleras, atravesar cañerías, ser arrojado a interminables vacíos y trepar por paredes que se extienden kilómetros y kilómetros. En realidad, deberíamos usar UA (Unidades Astronómicas) por las monstruosas distancias que atraviesa, alcanzando a pie Júpiter mismo.

Cómo acompañamos siempre a Killy vemos muchas culturas, pero nunca llegamos a ver mucho más de ellas que una pequeña presentación. Hay humanos que miden más de dos metros y medio, sometidos a una terrible dictadura, hay humanos asexuados capaces de correr a velocidades absurdas y que son capturados para vender sus órganos y demás razas que han evolucionado en sintonía con la sección de La Ciudad en las que les ha tocado vivir.

El que todo lo que vemos pase de largo enfatiza la sensación del viaje, de que Killy y Cibo están de paso. Puede que su presencia cambie para siempre algo, pero la trama no se regodea en ello. No son héroes. Solo están de paso.

Nihei logra que sepamos que La Megaestructura está viva.

La historia se nos cuenta con una muy poca cantidad de diálogos, con un trazo que se va enturbiando a medida que Killy está más cerca de su objetivo y con el objetivo de que nosotros hilemos lo que está pasando y saquemos nuestras propias conclusiones.

La ausencia de una explicación literal y la insistencia del autor en que sea el lector quien descifre las viñetas para hallar respuestas convierten a Blame! en una obra exigente pero que desde el minuto uno invita a disfrutar de los trepidantes momentos que ofrece sin obsesionarnos con lo que está por venir.

Pocos mangas logran representar tan bien el viaje, la búsqueda…. Y, a la vez, son tan libres.