Dorohedoro: La identidad y la libertad

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Dorohedoro: La identidad y la libertad

¿Somos realmente libres? y ¿Quien soy? Hoy quiero intentar responder a estas dos preguntas y para ello quiero ayudarme de una de mis obras preferidas del mundo del manga: Dorohedoro.

Manga creado por Q Hayashida en 1999 y que consta de 21 volúmenes y de la boca de su autora: “Es una canción con letra muy tétrica, pero con una melodía tan alegre que te dan ganas de bailar con ella.” Y eso es lo que mejor describe a la obra y una de las razones de peso para hablar de este tema usándola como referencia.

La historia del manga se desarrolla en un universo dividido en tres dimensiones: Hole (el mundo de los humanos), El mundo de los magos y el Infierno. Este peculiar escenario acompañamos a Kaiman, un humano que ha sido maldito, por lo que a perdido la memoria y su cabeza se ha convertido en la de un reptil. Ah, y en su garganta vive un hombre con cruces en los ojos. Él y su mejor amiga Nikaido se enfrentan a cualquier mago que se atreva a cruzar al mundo humano, en la búsqueda de aquel que lo maldijo.

Dorohedoro es un manga que se mueve entre la violencia mas explicita, el surrealismo y la cotidianidad con una naturalidad única pero bajo esta aparente anarquía se esconde una oda a la libertad, la identidad y el destino. Desde una perspectiva filosófica, la obra dialoga con pensadores como Camus, Schopenhauer, Locke y Sartre, explorando el conflicto entre libre albedrío y determinismo, así como la construcción de la identidad. Ayudándonos de esta perspectiva responderemos a las preguntas anteriormente planteadas mientras hablamos de un manga excelente y altamente recomendado.

La paradoja de la libertad en un mundo determinado por la magia

Dorohedoro es curioso, parte de su encanto es mostrarnos a sus personajes viviendo su día a día como si nada de lo que te hubiesen contado dos paginas entes tuviese importancia. Aquí es donde la obra gana toda su fuerza, en la sutil pero siempre presente pregunta que he planteado al principio: ¿Somos realmente libres? Esta pregunta parece encontrar una respuesta contundente: la magia.

En el mundo que nos presenta Q. Hayashida, la magia opera como la gran metáfora del determinismo. Este elemento forma un marco donde los personajes, aun en su lucha por la autodeterminación, parecen estar encadenados a un destino escrito e inamovible.

El enfrentamiento entre los habitantes de Hole y los Magos sirve como primer reflejo de esta lucha. Los humanos sin magia se ven obligados a sobrevivir a los ataques de los magos y a los estragos de las consecuencias que el humo de la magia provoca en el ecosistema de la ciudad. No tienen la fuerza para cambiar el destino pero si para hacerle frente. Es en esta lucha contra lo inevitable donde conectamos a los habitantes de Hole con el filosofo Albert Camus y su idea del absurdo.

En El mito de Sísifo, Camus expone que la verdadera rebelión del ser humano a un mundo sin sentido es aceptar este absurdo y seguir luchando a pesar de que todo parece estar escrito. No hay nada que defina mejor a los habitantes de Hole que esto: aceptar el injusto y absurdo mundo donde han nacido y luchar contra un destino aun mas absurdo donde el motor que los mueve es la voluntad de resistir y seguir adelante.

Esta exposición va muy de la mano con la figura de Kaiman. Desde el capitulo 1, sin recuerdos, con el rostro de un cocodrilo y forzado a matar magos en su búsqueda de respuestas, se enfrenta a un destino que lo trasciende: su existencia no solo se define por recuperar su identidad sino que termina afectando a Hole y a la totalidad del mundo magico. Sin embargo lo que hace que Kaiman sea un personaje fascinante es su capacidad para luchar contra esto: abandonar su búsqueda de respuestas y simplemente vivir la vida que el quiere. Pero a pesar de los deseos de Kaiman durante toda la obra, este destino determinado, va acercándose por mucho que luche contra el y, como Sisifo, tendrá que volver a arrastrar la piedra cuesta arriba. Pero es en esta infructuosa lucha contra el destino, en proteger a su familia y en la comida, donde el encuentra la libertad.

Por otro lado tenemos a los magos. Estos parecen tener más control sobre su destino pero, como los habitantes de Hole, están determinados por la magia. En el caso de los magos, lo que los encasilla es el tipo de magia y la cantidad de Humo (la fuente del poder mágico en Dorohedoro). No eligen ni los poderes que tienen ni qué la cantidad de humo producen: nacen con un rol impuesto, algo que los define incluso antes de que puedan cuestionarlo. En este sentido, la magia se convierte en un condicionante, en una metáfora del determinismo biológico y social. Y a diferencia de los habitantes de Hole, que sacan fuerzas de su voluntad y pelean contra lo absurdo que es la magia, los magos se ven encadenados por esta.

Aquí es donde una de las ideas de Arthur Schopenhauer plasmadas en “Sobre la libertad de la voluntad” cobra relevancia:

“El hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer lo que quiere” - Sobre la libertad de la voluntad

Esta idea argumenta que, aunque las personas pueden realizar acciones según sus deseos, no tienen ni poseen control sobre los propios deseos ni lo que los impulsan. Nuestras decisiones están influenciadas por nuestra naturaleza interna y por fuerzas externas. La magia es esa fuerza externa que limita la voluntad de los magos. A lo largo de la obra, esta idea se plantea de diferentes formas, en múltiples magos: Noi, Shin, En etc; pero uno de los ejemplos mas claros es Fujita. Como usuario de magia mas débil de la Familia En, con un humo defectuoso y una magia patética, Fujita vive en constante lucha por hacerse ver y valer en un mundo que le recuerda su lugar. Su motivación no es solo ser útil sino sobrepasar la barrera que la magia le ha impuesto.

A la pregunta de si somos realmente libres, Q. Hayashida nos responde que nuestra libertad reside en la lucha. La obra nos recuerda que el futuro parece estar predeterminado, ya sea por el pasado (en el caso de Kaiman por ejemplo) o por nuestro nacimiento (el caso de Fujita y su pobre magia) pero que la verdadera libertad no es algo regalado, es algo que se conquista y se desafía, algo que se consigue como máxima afirmación de la voluntad

La identidad como construcción, no como destino

Toda esta lucha por la libertad esta intrínsecamente ligada con, el que para mi es, el tema central de Dorohedoro: la identidad. Si en la obra el libre albedrío es la pregunta de si podemos escapar o superar nuestro destino, la identidad es la pregunta de quienes somos cuando el destino nos fuerza a cambiar. La identidad nos lleva a intentar responder la segunda pregunta que he planteado al inicio del post: ¿Quién soy?

Si la primera mitad de Dorohedoro plantea “¿quién soy?”, la segunda mitad nos responde a esto “¿importa la respuesta?” y es magistral.

Volvemos con Kaiman, al inicio de la historia. El eje del inicio de Dorohedoro se basa en la pregunta: ¿Quién es Kaiman? Esta interrogante no solo es el motor que mueve la trama, si no que para intentar responderla se nos planteara una un tanto mas filosófica: ¿somos lo que recordamos? Kaiman despierta sin recuerdos y sin un pasado claro se encuentra en un escenario de vacío identitario donde su única certeza es recuperar sus recuerdos y descubrir quien es.

Esto nos lleva a “Ensayo sobre el entendimiento humano” donde John Locke afirma que:

“La identidad personal consiste en la conciencia de ser uno mismo, un ser pensante, en diferentes momentos y lugares” - Ensayo sobre el entendimiento humano.

Esto sostiene que la identidad personal se define por la continuidad de nuestra memoria y autoconciencia, somos la misma persona en la medida que podamos recordar nuestro pasado y reconocernos en el.

Y es aquí donde la autora nos platea si de verdad importa quienes somos es a lo largo de los siguientes capítulos donde vemos que Kaiman va separándose de esa búsqueda de recuerdos y se nutre de las experiencias vividas en el presente, disfruta de las relaciones que ha ido construyendo en este camino que poco a poco intenta dejar atrás. Su personalidad, la personalidad de Kaiman, evoluciona y empieza a forjar una identidad propia, independiente de quien fue o que hizo antes de perder sus recuerdos.

Sin entrar mucho en materia para evitar spoilers, llegados a un momento de la trama Kaiman va descubriendo quien es y este conocimiento entra en conflicto con su nueva identidad. Kaiman descubre que quien es no se parece en nada a la persona que fue y aquí es donde Dorohedoro nos plantea su ultima gran pregunta: ¿es Kaiman esa persona o es alguien diferente?

Este dilema que nos plantea la obra vuelve a gritarnos un ¿a caso importa? pero también nos recuerda un poco a la idea que Jean-Paul Sartre introdujo en “El ser y la nada”. Aquí se plantea que la existencia precede a la esencia:

“No somos lo que somos, sino lo que elegimos ser” - El ser y la nada.

En este texto, el autor nos quiere dar a entender que la identidad no es fija cuando nacemos, si no que la construimos a medida que crecemos, con nuestras acciones y elecciones. Kaiman, originalmente otra persona, ya no es esa persona porque sus acciones, decisiones, relaciones y en definitiva su presente han reformado su identidad.

Dorohedoro nos intenta decir que no es su pasado lo que lo define, si no lo que decide hacer con el y con lo que eso conlleva. En este sentido, y en otros muchos ejemplos dentro de la obra, se refuerza la idea que Soren Kierkegaard introdujo en “Diario de un seductor (1843)”:

“La vida solo puede entenderse mirando hacia atrás, pero debe vivirse mirándooslo hacia adelante” - Diario de un seductor.

Kaiman al igual que casi todo el elenco de protagonistas, enfrentan su pasado y se ven obligados a tomar una decisión: vivir como la persona que fueron o como la que eligen ser.

Conclusión

Dorohedoro es una obra que habla sobre la lucha por la autodeterminación y la identidad. Es a través de Kaiman y otros personajes donde la autora nos responde a las dos preguntas que han cimentado el núcleo de este post, con la simple afirmación: La verdadera libertad no radica en la ausencia de limitaciones, si no en la resistencia contra ellas.

La obra de Hayashida nos recuerda que el significado no está en el destino, sino en el viaje; no en lo que nos han hecho, sino en lo que hacemos con ello. Como Kaiman descubrió, a veces ser libre no es recordar quién fuiste, sino decidir quién serás y entender que la lucha por la identidad de uno mismo nunca termina y es en esa lucha donde nos encontramos libres.

Muchas gracias por leerme y como siempre os dejo con algo de música.