Reseña: Bóvedas de Acero [Sin Spoilers]

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Reseña: Bóvedas de Acero [Sin Spoilers]

Bóvedas de Acero

Cuando uno no sabe qué leer, y este fue mi caso, lo mejor es siempre acudir a un clásico. Dado lo especial de este año (2022), el 30 aniversario de la muerte del maestro Asimov, decidí empezar la macrosaga de Fundación por su primera novela (en el aspecto cronológico de la narrativa de Fundación), Bóvedas de acero.

Primero de todo, esta review carece de spoilers así que leed con tranquilidad.

Nos ponemos en contexto. Bóvedas de acero es una novela del Ciclo de los Robots y la primera novela protagonizada por Elijah Baley. Fue publicada, por primera vez, por partes en la revista  Galaxy Science Fiction en los lejanos 1953. En España fue publicado por primera vez, en 1967, dentro de un libro recopilatorio llamado Trogloditas del Mañana, el cual contenía esta novela y el relato “The wheel” de John Wyndham. Más tarde, en 1979, nos llegaría de la mano de la editorial Martínez Roca, Bóvedas de acero.

Ya tenemos el contexto, ahora vamos al argumento. Nos encontramos en la tierra en el siglo XLVII. En el pasado, y ayudados por una mano de obra robot, los humanos colonizan 50 planetas.

Con el tiempo, la diferencia entre estos planetas y la Tierra derivará en una escisión en la especie humana. Los espaciales, habitantes de estos 50 planetas, alargarán su esperanza de vida, serán muy ricos con vidas muy acomodadas, pero también tendrán un sistema inmunitario mermado por las condiciones controladas creadas en los nuevos planetas.

En cambio, los habitantes de la Tierra se encerrarán en el planeta, construirán sus Ciudades bajo tierra y desarrollarán agorafobia. Será una sociedad acomplejada y en decadencia, recelosa de su brillante pasado y del poder de los espaciales.

Ya en el presente los terrestres viven en su Tierra superpoblada, dentro de lo que ellos denominan la epítome del ingenio humano, las Ciudades. Estas Ciudades son el fruto de la evolución del ser humano buscando mantener un sistema de automatización masiva basado en el esfuerzo y el valor meritocrático humano. Pero con un fallo que el propio protagonista remarca a lo largo de la narración, es un sistema que no tolerará a muchas más personas.

Los espaciales, al principio de la narración, hijos de hijos de los colonos que se establecieron en alguno de los cincuenta colonizados, llegan a la tierra para crear una ciudad de espaciales, el Enclave, y cumplir una misión: imponer su filosofía C/Fe (Carbono - Hierro) e integrar los robots en la sociedad humana.

Humanos divididos en dos subespecies, cada vez más diferentes y enfrentadas. Ambas, decadentes.

Los terrestres, que están involucionando económica y socialmente, encerrados en sus gigantescas Ciudades. Se niegan a emplear robots y eso crea mal estar con los espaciales. Para nosotros nos resultará extremadamente opresivo y burocráticamente controlado: baños y comedores comunitarios -sin privacidad, pero económicamente más eficientes-, control climático o alimentos fabricados.

Y agorafobia. La sociedad ha desarrollado un brutal miedo a los espacios abiertos, lo que les condena a no abandonar las Ciudades, a quedarse encerrados en la Tierra.

El rechazo a los robots nos recuerda a los luditas. Destruían las máquinas porque su uso suponía la destrucción de los puestos de trabajo. Siempre que se ha desarrollado la tecnología, hemos sufrido ese efecto. Su sistema basado en el merito humano no es capaz de ofrecer nuevos puestos de trabajo. Así, en las Ciudades están creciendo los llamados “medievalistas”, que idealizan el pasado humano, odian a los espaciales y a la tecnología.

Y los espaciales. Son extremadamente dependientes de su economía robótica. Se consideran superiores a los terrestres, a los que tratan con desprecio.

Dos sociedades enfermas, cada una a su manera.

Teniendo estos puntos claros, hablemos de la trama de la novela. La historia inicia como cualquier novela policiaca, con un asesinato. Un espacial, el doctor Sarton, ha muerto en el Enclave y nuestro protagonista, el detective Elijah Baley y, el que será su inseparable compañero en el futuro, el Robot R. Daneel Olivaw.

Con esta premisa en la trama nos encontraremos interesantes debates filosóficos  como la tecnofobia, el miedo al progreso, el temor a perder los trabajos a favor de máquinas (o, ya puestos de inmigrantes), del prejuicio contra quien es, vive o piensa diferente … cuestiones que en la actualidad nos resultan muy familiares pero que en 1953 eran casi revolucionarias.

Además de los asuntos culturales y filosóficos que toca la novela, la trama policíaca es muy capaz de mantener al lector interesado. De hecho, Asimov consigue hacernos creer en un par de ocasiones que Elijah ha resuelto el crimen sólo para luego hacernos ver que su hipótesis, aunque aparentemente sólida, tenía una brecha que la hacía inviable.

Bóvedas de acero es una muestra de la excelente compatibilidad entre la ciencia ficción y el género negro al tiempo que un examen del potencial de una humanidad que no se conforma. Es también y gracias al estilo sencillo y directo de Asimov, un libro muy recomendable para quien no esté demasiado familiarizado con la ciencia ficción.

En resumen, es, ha sido y será una muy buena novela que, aunque en mi opinión el final es sin duda mejorable, te mantiene atrapado y sobre todo nos invita a la relectura y a la reflexión.