Reseña: El mundo que Jones creó [Sin Spoilers]
El mundo que Jones creó
De nuevo nos sumergimos en la mente sumida en las drogas de Philip K Dick y esta vez lo hacemos en una de sus obras más extrañas, no tanto como Los tres estigmas de Palmer Eldritch pero El mundo que Jones creó no tiene nada que envidiarle.
Antes de ponernos a hablar sobre la alocada historia que nos trae este libro pongámonos en contexto. El mundo que Jones creó es la segunda novela publicada de Philip K. Dick la cual se publicó por primera vez en 1956, después de Lotería solar (1955), en Ace Books y en 1960 en España bajo el nombre de Tiempo Doblado. En 2019 se reedita y nos llega a España El mundo que Jones creó por la editorial Minotauro.
Vale, saltemos ahora con esos datos al centro de toda la acción. Nos encontramos en un futuro que ha resurgido a duras penas de una horrible guerra nuclear y que ahora convive con mutantes fruto de esta. En una medida para prevenir posibles guerras futuras la sociedad humana ha abrazado el relativismo en contraposición al absolutismo y el fanatismo religioso que les llevó a la guerra. Este relativismo ha obligado a la humanidad a vivir de lo que puede afirmar y apartar la fe, la magia y las supersticiones convirtiéndolas todas en ilegales. Toda cosa que no se pueda confirmar es ilegal.
En todo este escenario conocemos a Cussick, un agente del Fedgovierno encargado de investigar posibles actos contra el Relativismo. En una de sus patrullas rutinarias en una feria local conoce a Floyd Jones, un mago que dice que puede ver el futuro, más concretamente todo lo ocurrido un año en el futuro desde ese mismo día. Jones predica una invasión alienígena por parte de unos seres unicelulares gigantes llamados los Derivos y todo a partir de ese momento cambia.
De forma paralela a Cussick y sus problemas maritales, los cuales no hacen más que recalcar la afectada visión de Dick sobre las mujeres y cualquier tipo de relación con ellas, y a Jones y sus visiones, también tendremos la historia de unos seres que van a ser enviados a Venus para su repoblación de forma secreta y ajenos a la existencia de los Jones o sus seguidores.
Lo increíble de todo esto es que en sus menos de 250 páginas consigue enmarcar una trama impredecible y llena de giros. La verdad es que cuesta decir cuál de las tres líneas argumentales es más interesante porque todas tienen mucho que dar y resultan fascinantes y como digo siempre, cada una podría ser perfectamente la trama de un libro mucho más extenso. Como he dicho al principio, ésta es la segunda novela de ciencia ficción que Dick pública. Y en ella se siente una acumulación de sus elementos narrativos, como si aún no controlase del todo la fuerza de sus recursos y no consiguiera dosificarlos.
«-Para mí, esto es el pasado -dijo Jones con voz ronca-. Este momento, con vosotros tres, aquí en este edificio, es para mí hace un año. No es tanto como poder ver el futuro; es más bien que tengo un pie atrapado en el pasado. Una y otra vez. Todo lo que hago, todo lo que digo, oigo, experimento, tengo que pasar por ello dos veces. -Alzó la voz, aguda y angustiada, sin esperanza-. ¡Estoy viviendo la misma vida dos veces!»
Aunque el peso de toda la trama recae sobre Jones hay que tener en cuenta una cosa: Jones no es el protagonista del libro, y el tema de sus poderes se toca, pero solo lo necesario para hacer que la trama principal avance. La trama se centra más en su ascenso al poder y cómo esto afecta a las vidas de diferentes personajes, especialmente a la familia de Doug Cussick.
Otro de los temas de interés que toca el libro es el determinismo y lo trata con la siguiente afirmación: Jones puede vivir simultáneamente el presente y el futuro. Todo esto nos plantea las siguientes preguntas: ¿no significa eso que el tiempo es un caudal predeterminado e inmutable?, ¿O se trata de un juego de mera probabilística?
Con todo esto sobre la mesa, Dick, crea una historia con tintes de espías, alienígenas y corrientes filosóficas variopintas que, al menos a mi, te mantienen pegado hasta la última letra. Una lectura reflexiva que nos fuerza a pensar en la imposición de ideas y conceptos religiosos y que nos deja con un final, que como de costumbre, cuesta verlo venir.