Reseña: Metro 2033 [Sin Spoilers]
Metro 2033
Metro 2033 es una novela post apocalíptica escrita por Dmitri Glujovski ambientada en el Metro de Moscú donde los supervivientes se ocultan después de una guerra nuclear. Glujovski, empezó a escribir el libro en secundaria y lo continuó durante cinco años. Tras el rechazo de varias editoriales a publicar su libro en 2002, creó una página web donde dio a conocer y fue evolucionando el libro con la participación de los lectores. Tres años después, en 2005, tres editoriales se interesaron y fue impreso por la editorial rusa Eksmo y Orionbooks. En España fue publicado por primera vez en 2009 y en 2022 está siendo reeditado por Minotauro.
Puestos ya en contexto, hablemos del libro.
Nos encontramos en 2013, en Rusia, tras una devastadora guerra nuclear y la población superviviente de Moscú decide resguardarse en el subsuelo, dentro del metro moscovita distribuyéndose entre los kilómetros de estaciones y túneles. Cada estación se ha organizado socialmente con diferentes estructuras de poder como ciudades estado y se mantiene un cierto orden con diferentes alianzas entre ellas.
Surgen diferentes grupos o facciones, “Guardianes del Orden”, la facción comunista de la “Línea Roja” o los neonazis del Cuarto Reich. En el centro se encuentra la Polis, la cual está formada por cuatro estaciones consideradas la “arteria principal” por su localización y enlaces con otras líneas, y la Hansa, la cual controla las principales estaciones de la Línea Circular y su economía.
Todo esto sabiendo que toda esta débil sociedad neonata está amenazada por los vástagos mutantes de la guerra nuclear.
El libro se divide en 20 capítulos y se centra en Artyom un joven de 26 años nacido antes del holocausto nuclear de 2013. En el año 2033, Artyom termina su turno de vigilancia con sus compañeros y conoce a un misterioso hombre que se hace llamar “Cazador”, el cual anda buscando a su padre adoptivo. Tras discutir, Cazador afirma seguir dispuesto a combatir las amenazas a las que se enfrentan las demás estaciones.
Con esto, el libro nos sumerge, junto con Artyom, en un viaje a través de la compleja red de metro de Moscú, para poder llevar a cabo una misión. La cual no le resultará demasiado sencilla. Gracias a las detalladas descripciones consigue crear auténticos escenarios donde el protagonista sufre de claustrofobia y tu puedes llegar a exteriorizar ese terror al imaginarme esos túneles oscuros y sucios, donde continuamente se escuchan ruidos extraños o directamente suceden cosas.
Así, en este libro subyace una gran crítica social, poniendo de manifiesto de lo que es capaz el hombre cuando la locura y el miedo empiezan a ganarle terreno a la razón. La lectura de “Metro 2033” es en casi todo momento asfixiante y claustrofóbica, además de sumamente oscura, poniendo al lector en la piel de unos personajes que no saben qué les espera detrás de la próxima curva, en un mundo en el que las ratas, los seres mutantes y el propio ser humano se convierten en un peligro que acecha constantemente. Nos embarcamos en una crítica a la naturaleza humana en busca de segregarse, en buscar ideologías que ven al resto de sus congéneres como opuestos. Cada estación del metro se convierte en un microcosmos en el que sus habitantes comulgan con una ideología que puede contraponerse a la de sus vecinos. Viven en guerra contra ellos mismos al mismo tiempo que enfrentan el reto de su supervivencia y la amenaza de seres mutantes que, en apariencia, atacan indiscriminadamente cada estación por la que pasan, arrasandolas e incrementando el miedo que sufre nuestro protagonista.
Uno de los mayores logros de Glukhovsky a la hora de escribir este libro es sin duda la fabulosa ambientación. Los personajes de Metro 2033 viven en un mundo desolado, donde reina el miedo, el instinto de supervivencia y la ley del más fuerte, tres ingredientes que se combinan de distintas formas en distintos personajes a lo largo del todo el libro para dar lugar a situaciones ciertamente imprevisibles.
Un inicio de trilogía que puede leerse de forma independiente, y personalmente lo prefiero puesto que no me gustaron mucho los dos siguientes, que supuso un antes y un después en la literatura distópica.